Sabor a Mar…

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– Sabes a qué saben tus besos?….
Me saben a poco!

Aquello fué lo último que me dijiste, la última vez que nos vimos, y yo era incapaz de sacar tus palabras de mi cabeza, ahora que te tenía delante.

Es curiosa la mente humana, y su memoria selectiva, recuerdo incluso tus últimas palabras, de hace veinte años, y tú, parado frente a mí, pareces no recordar absolutamente nada de nuestro furtivo pasado juntos. Sólo estás impresionado! Mi vestido verde y sus efectos secundarios.

El aire cosmopolita se me notaba de lejos, la ropa, el tono de voz, el estilo, muy mío….., solía ponerme lo que me apetecía en cada momento, una carrera de más diez años diseñando ropa, y otros tantos como interiorista, me daban la licencia para ir vestida como quisiera, y, aquel aire diferente te había cautivado al momento.

-Nos sentamos? No tengo mucho tiempo!

Te dije, tomando las riendas de la situación.

-Sí claro, contestaste

Y apoyaste levemente tu mano en mi cintura, para conducirme a nuestra mesa. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, al notar el calor de tu mano en mi espalda.

Retiraste la silla, muy caballeroso, resultaste casi anticuado y al ir a sentarme, situado tras de mí, me recogiste el pelo hacia un hombro y susurraste a mi oído:

-“Estás preciosa”!….

Me senté, intentando no temblar!
Lo recordabas, recordabas aquel amor, casi platónico, que habíamos vivido….

Pero te sentaste frente a mí, supuse que había que guardar las formas!
Le dijiste a Ángel que nos sorprendiera, y los platos se fueron sucediendo, a cuál más esquisito.

Bueno! Cuéntame! Cuál es el motivo de esta reunión?

El plan de estudios, futuras excursiones, los deportes, tus ideas para el futuro del colegio, las clases de inglés, los padres de los alumnos y su necesaria implicación en todo…

Tu trabajo parecía emocionarte, se te veía completamente entregado con los niños y su futuro, pero…, ni una sóla palabra sobre nosotros…

La verdad, era tarde, tenía una cita y aquello no parecía que fuera hacia ninguna parte.

-Discúlpame!, debo ir al baño.

Y me dirigí hacia la parte trasera del restaurante, necesitaba un cigarrillo, tomar aire, centrarme, y despedirme, debía resultar convincente, y tanta corrección por tu parte, empezaba a aburrirme.

Al entrar, estabas allí, con los brazos apoyados en el marco de la puerta que daba al callejón, impidiéndome el paso.

-Intentando escapar otra vez?

Me cogiste por la cintura, me atrajiste hacia tu cuerpo, y me abrazaste, hundiendo tu cara en mi pelo…

-Hueles a mar, Amor!… Aún hueles a Mar…

Isabel J.

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