Un voto de confianza…(publicada originalmente en OP&KIDS)

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La mayoría de los días no son azules, ni verdes, tampoco rojos, malvas,  naranjas o amarillos.

Ojalá!

Hay reuniones,  citas, prisas, atascos…
Negociaciones que terminan en nada, el dinero que se va volando, la nevera vacía.

La familia que se queja de que no te ve lo suficiente.
Tu ex que se queja,  porque le gusta.
Tu mujer que se queja porque parece que no tiene nada mejor que hacer.
Tus hijos que se quejan porque sus amigos tienen móviles,  tablets,  ordenadores de última generación y ellos nada….
Incluso tú te quejas, harto de tantas quejas, porque nadie piensa en tí.
El Planeta se queja,  en modo de cambio climático.
Los políticos se quejan de otros políticos,  y dan mítines para que la gente que los observa quejarse les aplauda.
Tu amante se queja, porque quiere ser tu mujer, porque hay veces que se siente desplazada.

Incluso tus tripas se quejan porque son casi las cuatro de la tarde y ni siquiera recuerdan haber desayunado.

Andamos envueltos en una pesada nube, casi volcánica,  de quejas. Así es complicado andar dos pasos sin tropezarte. No os voy a invitar a hacer nada sin querer,  sólo os cuento lo que voy a hacer yo, sin plazos, sin presiones, poco a poco, tan lentamente como requiera mi cuerpo, mi vida, mi corazón y mi mente.

-He duplicado la frecuencia de llamadas a mis padres (dos al día) y las visitas, a una cada semana, mínimo.  Ellos se sienten más tranquilos, han dejado de quejarse y yo soy más feliz viéndolos sonreír.

-Con mis niños, me he sentado y les he explicado porque unas familias tienen más dinero que otras, y porque en la nuestra no es una posibilidad tener ese tipo de tecnología,  y mis motivos para no comprarla para ellos: el mayor, porque ya tiene edad de comprar lo que se pueda permitir con su trabajo, con 23 años yo llevaba ya muchos sin pedir nada a mis padres. La pequeña,  porque 10 años es una edad preciosa para investigar otras cosas de la vida, vivirla directamente.  Para estar pegada a la pantalla de un ordenador,  tendrá tiempo de sobra.
Y mi hijo mediano, en plena explosión hormonal,  no hay manera de que entienda que esta sólo es una etapa, que todos hemos pasado, y que nunca llegará a entender a las mujeres salvo con paciencia.
De todos modos, los tres son unas personas fantásticas,  que me quieren incondicionalmente, y a las que amo más allá de lo imaginable.

-De mis mujeres, no voy a hablar.  Un caballero no habla de esas cosas. Aunque en mi defensa diré que nunca creí tanto en el matrimonio como ahora, que poco a poco el tiempo encaja las piezas, y que a ella, la quiero en mi vida, para pasear de la mano,  para besarnos mientras miramos el mar,  para perdernos si nos apetece,  y para presumir orgulloso de lo guapa e inteligente que es, y gritar a los cuatro vientos que cada vez que la miro se me cae la baba!
El amor se consume si no lo alimentas y cuidas como a una plantita.  Es sólo un pequeño brote, un árbol.  Crecerá fuerte y sano,  como un roble, o morirá en el intento.
Y antes de ella no lo he podido hacer peor. Tengo una nueva oportunidad y os prometo que voy a aprovecharla.
Cómo?  Ni pu… idea! Lo averiguaremos juntos por el camino,  eso sí,  despacito y con buena letra.
A cada intento de despedida,  suya,  porque yo nunca he querido dejarla, la amo más y me siento más unido a ella.

Y soy consciente de que he hablado más de AMOR que de otra cosa, porque,  y como siempre,  sólo el amor podrá salvarnos del caos.

Por eso me doy un voto de confianza. Incluso una simple piedra puede transformarse en algo hermoso.

Isabel J.

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