La Princesa que no creía en los cuentos de Hadas(publicada originalmente en OP&KIDS)

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….creo que siempre hice todo lo que se esperaba de mí :
Terminé mis estudios,  conseguí un trabajo estupendo,  me casé con mi novio de toda la vida -una boda preciosa-, tenemos dos hijos -la parejita -, una casa en la ciudad, otra en la playa…., visito varias veces a la semana a mi madre. Los de mi esposo , algo más jóvenes,  vienen a vernos un finde sí y otro también….,  vamos,  perfecto.
No nos agobia el trabajo.  No tenemos problemas para llegar a fin de mes, pero….

“Pero”, una de las palabras más putas que conozco. Cuando hay un pero dentro de tu vida, dí conmigo que algo no va bien. –

Nos fuimos alejando. Por buscar un principio del fin, diré que no me gustó nunca su forma de besar, demasiado húmeda y poco pasional. Así que empecé por evitar besarlo.
A él nunca le gustó mi familia,  ni mis amigos,  aunque esto no lo supe hasta hace relativamente poco tiempo,  cuando me he dado cuenta que no le gusta abrazar, ni decir “te quiero”.  Jamás te hace un cumplido, y la verdad, no sé si alguna vez me quiso. Yo tampoco sé si lo quiero.
Nos alejamos a tal punto,  que hace años que apenas hacemos nada juntos. Pero seguimos ahí,  por nuestros hijos,  demasiado pequeños aún para tener a sus padres viviendo en casas separadas -esa es la excusa perfecta,  la más recurrente a modo universal, cuando nos falta el valor, cuando no tenemos cojones suficientes para irnos y ponernos el mundo por montera.

Y no es que una cosa llevara a la otra, pasó sin más.

Él llegó un día a mi despacho,  buscando asesoramiento legal para su empresa.  Un amigo, de un amigo en común, nos presentó en un evento solidario. Intercambiamos teléfonos,  por si acaso, y un lunes,  a media mañana,  apareció por mi despacho,  pasaba por allí.

No recuerdo si me sentí atraída enseguida,  aunque lo que sí me gustaba, de hecho me encantaba, es que apareciera con cualquier excusa, siempre traía algún papel para revisar, y luego tomábamos un café,  el aperitivo,  almorzábamos….

Todo muy correcto,  todo muy profesional.  Y nos hicimos amigos laborales: proyectos,  negocios, hijos, familia…,  eran nuestros temas de conversación habituales.

Coincidímos en un Congreso en la recepción de un hotel,  hacía tiempo que no nos veíamos, y me cogió entre sus brazos,  apretándome contra su cuerpo,  allí,  en medio del Mundo. Y el Mundo desapareció.

Fue aparentemente un abrazo inocente,  de dos amigos que no se ven hace tiempo,  pero a mí me recompusieron todas las penas y me puso el corazón a latir a mil por hora, y él lo notó.

Empezamos a compartir nuestras agendas,  para procurar coincidir en algún momento,  en cualquier sitio, como dos agentes secretos en una misión imposible, saciábamos nuestras ganas de poseernos,  de tocarnos, de besarnos, en cada parking, baño, ó ascensor.  Cada vuelo,  los juzgados y aquel hotelito con encanto en el centro de París.

Y no me basta.  No quiero ser su amante y no puedo ser su novia, porque tiene una esposa y yo tengo un marido. Por eso no creo en los cuentos de Hadas, juntos estropeamos cualquier posibilidad de que fuera mi Príncipe Azul.

Tendríamos que empezar de cero.  Partir de nada y hacerlo bien,  porque yo, aún creo en la Magia.

Isabel J.

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