….sin prejuicios

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– Joder! Qué alegría!! 

Y me colgé de su cuello sin pensarlo un segundo. Allí,  en medio del mercado,  rodeados de gente que nos miraba sorprendidos, casi escandalizados, me quedé abrazada a su cuerpo,  tras más de diez años sin vernos.

Lo solté,  sintiendo que él estaba igual de sorprendido que el resto del mundo,  me cogí de su brazo y empezamos a caminar juntos.

Vamos!  te invito a desayunar.

-Yo…., acabo de salir de la cárcel….

-Lo sé!

Lolo y yo nunca fuimos amigos.
Nos conocíamos desde pequeños,  vivíamos en el mismo barrio.
Su madre y la mía eran amigas.
Pero jamás compartimos juegos, ni estudios, ni copas, ni cines, ni charlas. Nada había entre nosotros que nos uniera.
Nada, salvo su madre y la mía.

Yo sabía absolutamente todo sobre él.  Todo lo que nuestras madres compartían en tardes de cafés y confidencias.
Una mala decisión.
Una espiral de la que debe ser complicado salir una vez dentro.
Y tu vida termina de golpe.
Diez años encarcelado por tráfico de estupefacientes.

Debió ser mucho el tráfico,  para una condena tan larga.

Pierdes a tu mujer, a tu hijo, tu familia,  tu vida, tu juventud.
Y no tienes a donde volver,  si es que vuelves.
Todo el mundo sabe que acabas de salir.
Todo el mundo sabe porqué estabas dentro.
Nadie parece conocerte.
Lo tuyo debe ser contagioso.

-Me alegro muchísimo de verte! Eso es todo. Y además,  son más de las doce. Hora de un vinito y unas tapas…

Así que nos fuimos a uno de los barecitos que inundan nuestra ciudad natal, aún no repleta de turistas.
Lolo me contó que había estudiado derecho y ciencias políticas durante sus años encarcelado.
Debía volver cada viernes a dormir en prisión,  pero era fantástico poder estar “en casa”.
Nos despedimos sin más.
Era poco probable que volviéramos a coincidir.

Gracias!
Me has hecho volver a sentir una persona normal,  uno más.

No digas tonterías!!!

Y reímos los dos.
Ahora sí. La sensación era la de despedida de un amigo,  de pérdida.
No intercambiamos teléfonos,  supuse que Lolo no tenía,  pero no pregunté y él no me  pidió el número.
La verdad es que la cárcel no podía haberlo tratado mejor.
Seguía con ese aire de malote que tanto me ponía,  y los estudios le habían ampliado el vocabulario y las maneras.
Le calculé cinco o seis años más que yo.

Te vas sin más? – Dijo agarrándome con un solo brazo,  atrayéndome contra su cuerpo.  Sintiendo “ahora sí”,  la emoción del reencuentro.  Plantándome un beso en la boca, que no esperaba.

Y me fuí desconcertada. Excitada. 
Pero me fuí,  sin girar la cabeza.
A pesar de que me habría encantado invitarlo a casa.
Aquel encuentro había sido completamente fortuito,  y la verdad era que no me apetecía nada complicarme la vida.

Fué casi un año después,  en la fiesta de presentación en sociedad del nuevo Cónsul Ruso, en la Embajada de Marbella,  que volvimos a coincidir.
Asistí más por el compromiso con los anfitriones que porque me apeteciera.
Y no lo ví.
Tampoco esperaba encontrarlo en estos ambientes elitistas. Ni siquiera había vuelto a pensar en él.

-No puedes estar más guapa! –Susurró a mi oído, para seguidamente morderme el cuello.  Allí en medio de la flor y nata de la sociedad.

Me cogió de la mano,  con la urgencia y la seguridad que te da el deseo, y me condujo a uno de los despachos de la Embajada Rusa, sin mediar palabra.

Lo seguí hipnotizada por el esmoking,  la pajarita,  o la autoridad con la que me llevaba tras de sí.
Y es que nunca he podido resistirme a una orden bien dada.
Cerró la puerta tras de mí,  para empotrarme allí mismo, contra la pared.
Al llegar al sofá,  se detuvo a quitarme la ropa.

Espero que la sala esté insonorizada! – pensé en voz alta, tras el tercer orgasmo.

-Ven aquí! – dijiste mientras me invitabas a sentarme sobre tí,  desnudo,  en una de las sillas del nuevo Cónsul. Y te obedecí ,  a esas alturas, la sangre ya no me llegaba al cerebro.

Cuando volvimos a la recepción,  la fiesta estaba ya decayendo. Me acompañaste al parking.

Mi chófer te llevará a casa. Volveremos a vernos!

Por Dios!  Alejandra, céntrate.  Esto sólo ha sido sexo – me repetía camino de casa, en el coche del que probablemente era un capo mafioso que me había encontrado en La Embajada Rusa. Probablemente,  no volveré a verlo! – “Sólo sexo Alejandra”!

Desperté de golpe, aún de noche, empapada en sudor!
Me metí en la ducha para despejarme.
Estaba en casa de mis padres pasando el fin de semana.  No había sido más que una pesadilla. 
Una pesadilla muy real.
Por supuesto,  rechazaria la invitación a la recepción en la Embajada.
Era mejor no correr riesgos, Lolo acababa de obtener el tercer grado.

Isabel J.

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9 comentarios sobre “….sin prejuicios

  1. Muy bien Isabel, me gusta mucho, tiene algo de James Hadley Chase, y perdona por lo del otro dia, a las personas que no me importan nada, lo les critico, a ti si, porque me gustas

    Le gusta a 1 persona

    1. Te doy toda la razón!
      No estoy acostumbrada a escribir escenas de sexo y corté sin más.
      De golpe, descubrí que era demasiado extenso para lo que estoy acostumbrada a escribir en el blog, era tarde, tenía sueño..

      Un día estaré preparada para escribirla entera!

      Me gusta

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