…..era yo

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Tras aquel encuentro fortuito, se sucedieron otros tantos,  provocados.

Intercambiamos las agendas,  buscando cualquier oportunidad para coincidir, y amarnos con la urgencia y el morbo de hacerlo en los lugares menos habituales.
La visita a unas viejas oficinas de mi padre, con la excusa de convertirlas en loft dónde vivir, nos hizo reincidir más de una vez, follando salvajemente contra la pared, bajo puntales, ante la mirada inquisidora de alguna rata curiosa.
Con premeditación y alevosía terminábamos las reuniones de trabajo bajo el amparo de un pequeño bosque de naranjos, a medio camino entre la oficina y nuestro restaurante habitual.
El más mínimo roce incendiaba nuestros cuerpos. A mí me faltaba el tiempo para quitarme las bragas y sentarme sobre él, montándolo, en el baño de cualquier bar,  en el coche, en algún callejón abandonado…
Una vez,  fuimos a pasar la tarde a un hotel,  y tardamos casi tres días en salir de la habitación,  así que no repetimos, teniendo en cuenta sus compromisos familiares.

Me preguntaba como seria el día que coincidiera con su esposa, si nos presentaria,  si fingiria no conocerme.

-¿Porque no se divorciaba, como hacía todo el mundo, si tanto me amaba? – Esa pregunta martilleaba en mi cabeza, a todas horas.

Casi dos años juntos era tiempo suficiente para estar seguro de algo, y mucho me temía que empezaba a sentirse cómodo con esta situación: sexo salvaje durante la semana y tranquilidad en familia al terminar el día,  fines de semana y festivos.

Para sus asuntos personales era muy hermético,  y aunque nunca pregunté, sentía celos,  de que compartiera la vida y la cama con otra mujer.

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Empecé  a evitarlo, a no encontrar excusas ni momentos para vernos.  Algún café de tarde en tarde, rozándonos apenas las manos bajo la mesa y un beso furtivo como despedida,  lleno de deseo contenido.

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Nuestra apasionada historia de amor se estaba diluyendo con la distancia.
En mis planes de vida, no encajaba tener un amante -novio.

Yo no iba a ser la otra en su vida. Ni en su vida, ni en la vida de nadie.

 

 

Alexa Kái

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