el mar de los desamores….

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Ella apenas recordaba una pequeña parte de lo vivido hasta hoy.
Imágenes borrosas, llenas de sonrisas y sentimientos.
Alguna lágrima perdida. Puede que una o dos desilusiones, junto con el dolor palpitando aún en el pecho de todos los amores que murieron por el camino.

A veces, los recuerdos la asaltaban a media tarde, y de golpe reaparecía en su vida parte de ese pasado oculto bajo capas de sonrisas, que jamás consigue esconderse del todo. La muerte y el amor es lo que más termina marcando a los seres humanos y ella estaba a punto de comprobarlo por trigésima novena vez, aunque con toda seguridad no sería la última.

Al otro lado de la vida, el seguía su camino, ni mucho menos paralelo al de ella.

Tras un divorcio agonizante y eterno, consiguió salvar la vida en el último instante, y empezó a coleccionar amantes, una tras otra. A veces, más de una a la vez.

Buscaba, quien sabe.

Era un modo extraño de compensarse en la vida, de encontrar el amor que nunca había tenido,  a besos sueltos, abrazos caducados antes de ser dados,  relaciones inventadas de tiempo y espacio,  fingiendo vivir historias apenas imaginadas,  futuros de amores idílicos de adolescentes adinerados. Adolescentes que nunca volverían a serlo, relaciones que no habían sido vividas y amistades comunes fingidas.

Y se tropezaron en la vida, en el más peligroso de los lugares posibles, las redes sociales.

Ocultaron la atracción mutua, bajo capas de poemas,  canciones, y amigos comunes. Amigos que en su mayoría ninguno de los dos conocía, ni juntos,  ni por separado.  Y dejaron salir a volar su imaginación.

Fue un día cualquiera,  tras meses de sexo telefónico que decidieron llegado el momento de poder acariciarse la piel en vivo y en directo. Aquel fue el principio de una muerte anunciada.

Otra muerte más que hundir en el Mar de los desamores.

Duró menos su vida en directo que toda su historia en las nubes.

Como cabía esperar,  y a pesar de que a los dos se les abrió un agujero profundo e infectado,  algo había de verdad en toda su corta historia juntos,  de apenas dos citas en dos años, puede que fueran tres.

Más de un año de silencio entre ambos, y volvieron a coincidir nuevamente,  esta vez en el mundo real, en una calle cualquiera,  un día entre semana,  sin pasado que arrastrar cual condena, sin divorcios,  sin amantes, sin horarios y sin prisas.

Se miraron de frente,  con la sonrisa franca y el brillo en los ojos,  ese que sólo ves en ojos enamorados.

– VEN – dijo Él, extendiendo sus brazos abiertos hacia ella, en plena calle, a media mañana,  en el centro de sus vidas.

Y ella se dejó reiniciar,  perdida para siempre en sus abrazos…..

Isabel Jiménez

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8 comentarios sobre “el mar de los desamores….

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