…el último encuentro …

  

Siempre sueño. Es indiferente que duerma o no. Últimamente duermo poco, hace demasiado calor. Nunca me gustó el verano,  siento pudor al casi desnudarme en la playa, ya el tema “piscina”,  prefiero no tocarlo. Es entonces cuando me evado a otros momentos más felices que recordar, contigo siempre.

Prácticamente nadie que me conozca podría decirlo.

¿Tímida,  tú? 

 

Es un tipo extraño de timidez,  que me impide salir en las fotos.  Estoy segura que de tanto huir de la cámara,  fue como encontré este lugar tras ella. A nadie se le ocurre decir jamás a un fotógrafo que aparezca en la foto. Esa persona que refleja el objetivo no soy yo, por eso prefiero estar detrás,  no se dónde, no allí.

A veces me siento como en ninguna parte. De nadie. En ningún sitio. 

Podría morir en este momento y no ocurriría absolutamente nada. Yo seguiría por ahí, en mi mundo. Como un reflejo en el espejo de un baño cualquiera.

Fue entonces cuando te vi. Obsesionada por no reflejarme en las fotos,  empecé a ver tu reflejo en ellas.

¿Pero que era aquello, joder, no te obsesiones,  ahora resulta que ves fantasmas?.

 Incluso fui a un loquero,  por si las moscas, cargada con todo un arsenal de imágenes impresas, negativos, un visor, para demostrar tu existencia.  No me hizo puñetero  caso. Al salir, el espejo de la entrada, desnudo , me delató.

Todo es querer– me dije. ¡Cambie usted de vida Señorita. Deje la fotografía un tiempo. Búsquese un novio. Viaje a otros lugares. Intente sonreír. Olvídese del mundo, el no parece pensar en usted en absoluto!.- pero no pude.

Me fui de mi vida poco a poco,  para descifrar aquel misterio que me envolvía. Tu reflejo en mis fotos era cada vez más nítido, así que me decidí a encontrarte.

Desapareciste. Nuestro amor se diluyó con la marea, un verano de hace más de diez años. Cerré nuestra casa, sepulté mi vida . Desaparecí .

Me llegaban rumores de amigos comunes , hablando de ti , dentro de una especie de remake de ” Corrupción en Miami “. Ahora sé que no se puede huir del destino,  que termina por encontrarte.

!Sin duda. Eres Algo más! – dijiste el día que nos conocimos .

Tu aire de “Señorito Andaluz” me molestó nada más verte, aunque eso no impidió que aceptara una cita tras otra, hasta terminar en aquel Convento reconvertido en hotelito vintange unos meses más tarde, en tus brazos. Encuentro que nos envolvió en una vorágine de extraños sucesos,  adiptiva,  en la que me encantaba caer..

Cuando me mirabas ,  las palabras eran lo de menos. 

!Esto no va a repetirse más! –me decía al volver a casa tras cada furtivo encuentro.

 No podía ser de otro modo, tu trabajo,  tus negocios,  tus fotos … Tú, tú, tú… No había cabida para mí en tu mundo, sólo pequeños momentos robados, Dios sabe a quién.

Yo lo había conseguido. Te había dejado hace ya diez largos años, y ahora aparecias como un reflejo en mis fotos,  un fantasma del pasado.

Volví a la casa del Puerto Deportivo,  sacudí el polvo de los muebles. Abrí las ventanas, en un intento desesperado de recuperar nuestra vida.

Joder!  Puto polvo,  no hay manera de quitarlo!!! 

Nadie parecía conocerme. Los vecinos pasaban junto a mí y no saludaban, ni siquiera por cortesía. Se han olvidado las buenas maneras.

Una mañana me pareció verte al otro lado de una de las Avenidas,  aunque no logré alcanzarte por mucho que corrí, por mucho que grité,  no logré que me oyeras.

Puede que no fueras tú. Tú y tus misterios. Ni tan siquiera sabía como eras ahora. Podrías ser cualquier persona,  podrías haber cambiado de aspecto.  Sentí miedo a perderte. Y ahora parecía una realidad. Puede incluso que hubieras muerto en algun viaje imposible,  de aquellos tuyos.

Habías muerto y tu espíritu volvía a mí ,  para despedirse- eso parecía explicarlo todo .

Estarías enterrado en algún sitio. Tanta vida juntos y no tenía ni idea de si eras de los que prefieren que los entierren bajo una bonita lápida – “Tu familia y amigos que te quieren y no te olvidan” -, o te han incinerado.

El tiempo andaba raro. Una niebla lo envolvía todo. Parecía que el mundo se había vestido a juego con mi estado anímico , para acompañarme.

Revisé noticias antiguas , esperando no encontrarnos . Este iba a ser mi último intento antes de olvidarte del todo . Si hubieses querido estar en mi vida alguna vez, te habrías quedado.

Exposición retrospectiva de Alejandro Leikaroz y su esposa, en el décimo aniversario de su muerte.

 

Isabel Jiménez 

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