…el arcoíris de Marina…

¿Sabes esas cosas que ni sospechas que te pueden ocurrir a tí,  y van y te pasan, todas,  al mismo tiempo ?

Todo junto,  las peores noticias. Como en una tómbola a la que no querías jugar,  te la juegas todo a ganador y pierdes. 

Yo estaba casada. Felizmente casada.

Era. Soy guapa,  simpática,  inteligente,  trabajadora, y conocí a un hombre increíble,  un día cualquiera,  en mi pequeño negocio. 

Apareció a media mañana,  buscando un regalo especial. 

– Joyería, que suerte tienen algunas- pensé. 

Me pidió unas tarjetas para escribir notas, tras casi una hora eligiendo pendientes y haciendo,  a modo de favor personal, que me los probara. Tonteando abiertamente conmigo. 

I Love You mam…. 

Mi corazón dio un vuelco. Unos eran para su madre. Y los otros? 

Sacátelo de la cabeza Marina. No es más que un cliente amable, como tantos otros. 

Al día siguiente,  un mensajero inundó literalmente mi pequeña Joyería de rosas, y un paquetito con una nota:

-Paso a recogerte a las nueve. Dí que sí! 

Diez años más tarde tenemos dos hijos preciosos, una vida juntos,  una hipoteca, y un matrimonio roto. 

Según Morgan,  la culpa es de una compañera de trabajo,  de la que se ha enamorado,  casi diez años mayor que yo, y que él.  

Y es que mi maridito trabaja mucho y viaja mucho por trabajo. Y ya sabéis lo que pasa: el roce hace el cariño.

Puede que yo haya ido distanciándome.  Los niños,  el trabajo,  los viajes y la vida hicieron el resto.  Eso y un conato de cáncer que me ha tenido mal y bastante preocupada unos años. Todo junto,  mezclado,  sin agitar y sin aceitunita han hecho el resto. No una compañera de trabajo. 

Eso no es verdad,  echarle la culpa del final del amor a otra persona, es solamente una excusa fácil. 

Ella, pobre Señora, a la que de momento no me apetece conocer, solamente pasaba por allí,  cuando todo estaba roto.

A Morgan se le había terminado ese amor tan grande que le hizo comprarme unos pendientes de diamantes el mismo día que nos conocimos. Que me ponga los cuernos nunca será culpa de otra persona. 

Aunque parezca civilizada, la realidad es que me llevan los diablos, y si me la llego a tropezar: que Dios la coja confesá,  que no respondo,  y es que alguien debía tener la culpa de que mi amor me pidiera el divorcio a sólo tres días de una nueva intervención en el pecho,  para extirpar nuevos y sospechosos nódulos. 

Ahora,  pasado ya lo peor,  y con los resultados médicos en la mano, que dicen que todo está bien,  respiro hondo y siento que ha sido mejor así que seguir llevando cuernos y vivir en la ignorancia. Él no es mala persona y un padre increíble,  y bueno,  no escogió el mejor de los momentos,  pero tampoco hay momentos apropiados para pedir el divorcio,  eso, todos lo sabemos.

Me queda una larga vida por delante y mañana saldrá también el arcoíris para mí. 

Isabel Jiménez 

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10 comentarios sobre “…el arcoíris de Marina…

  1. Gracias. Sabes, qué hermoso es cuando el arco iris nos abraza siempre con sus mágicos, alegres y tiernos colores. A veces, no es posible para otros ver más allá de lo que se ve y más aún cuando vislumbra tanta profundidad en nuestra esencia.

    Recibe un mágico almabrazo de mi esencia a la tuya.

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