…café para dos.

El País de las Hadas by Isabel Jiménez

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A mí no me gustaba el café, y ella lo necesitaba para subsistir, ese fué el principio del fin.

Cada uno tiene sus tablas a las que asirse, y las nuestras eran tan diferentes, que nunca llegué a entender los mensajes de sus idas, si es que los hubo.

Me parecía mágico que pudiera escribir para mí. Cada letra, cada palabra, todas y cada una de sus frases escondían un mensaje en clave de mi querida Julietta, y poco a poco, caí preso de sus versos asonantes, de su falta de métrica, de su sonrisa imposible. Aunque sólo se lo decía cuando se alejaba. No sé porqué!

Me enseñaron a ser distante, a ser fuerte, a ser un hombre. Y los hombres no lloran, apenas sienten, salvo en la intimidad.
Además, yo sabía que esa parte de mí, era la que más le gustaba a mi pequeña gatita.

Ella era…

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