….un rojo trágico 

Siempre pensé que era suficiente escoger un camino,  y seguirlo, hasta que el camino me llevó al más tenebroso de los precipicios.

Como escalar una montaña o hacer una ruta de senderismo. Igual que hacer un viaje programado.Esto último es importante: hay personas que conocen perfectamente dónde estarás en cada momento. O dónde deberías estar.

Escoges un lugar,  cosas que ver, cosas que hacer, una fecha, y vas.

Y luego,  si el bolsillo te lo permite,  escoges otro. Parece sencillo. Lo que no he tenido en cuenta,  es que jamás hice un viaje programado,  ni siquiera en primaria o bachillerato. Allí no podía decidir,  por mucho que perteneciera a la junta organizadora, los alumnos jamás decidían el destino.  Convencía a mis padres,  organizaba fiestas, tómbolas   rifas, incluso cuotas semanales que pagar entre todos para conseguir el objetivo: un carisimo viaje de fin de curso y a una semana de partír,   mi madre siempre se plantaba y decía: “tú no vas!”

-Mamááá!!

– TÚ NO VAS! Me da miedo,  pasan demasiadas cosas.

Y no iba. Le daba igual que llorara,  dejara de hablarle y volviera a llorar encerrada en mi habitación.  Yo no iba. De hecho,  jamás fui a ningún viaje. Incluso al de final de bachillerato: Italia. Ese tipo de cosas tontas que te ocurren de pequeño,  terminan por marcar tu existencia.

En mi afán de no revivir malos recuerdos de la adolescencia, desde el mismo momento en que fui independiente económicamente,  empecé a viajar,  allá donde el bolsillo y el tiempo me lo permitían. Sin agencias de viajes, sin reservas en hoteles,  sin dar a nadie mi plan de vuelo.

Lo malo siempre fue que no era consciente de los riesgos que corría. Había estado  tan al límite de morir sin saberlo,  que aquella sensación de libertad absoluta llegó a engancharme, y lo que no era más que un tranquilo fin de semana largo,  a solas, para descansar marcó por completo mi existencia.

Dos jerséis,  unos vaqueros,  zapatos cómodos,  la cámara y un cuaderno de notas. Eso y Gustavo, mi coche, era todo lo que necesitaba para captar la luz de nuevos amaneceres.

Pérdida en mi mundo , no noté que me observaban desde el otro lado de aquel pequeño Bistro.  Ni siquiera cuando levanté la copa vacía buscando al camarero,  me percaté que ya no había nadie en el local,  y que no era más que otro turista accidental quien me servía el vino.

Terminé mi copa , recogí cuidadosamente las notas y me fui al hotel, justo al final de la misma calle.  EME, un pequeño Hotel Boutique,  lleno de detalles de esos que me gustan tanto.  Las cosas que me relajan siempre me asaltan por el camino, y es precisamente eso lo que me engancha de este tipo de viajes. Todo es mágico e inesperado.

Me sorprendí aconsejando a otros turistas:

– Deja el mapa y piérdete por Santa Cruz,  este Barrio no merece menos!

Sevilla siempre ha sido mi debilidad,  sus calles empedradas, los monumentos,  la luz, incluso el aire es diferente. Dejarse guiar, es desperdiciar la esencia del lugar.

Desperté bien entrada la mañana , una ducha rápida y bajé a desayunar y allí estaba:

Asesinato múltiple 

Aparecen cuatro cadáveres en Petit Comité , la policía espera los resultados de la auptosia antes de hacer declaraciones….

-Vaya¡- pensé .., en ese momento no me di cuenta de que se trataba del mismo garito donde había cenado la noche anterior .

-Disculpe Señora ¡ Han dejado algo para usted – dijo el recepcionista, tendiéndome un paquetito mal envuelto ¡.

Soy de natural curiosa , aunque el extraño paquete me dio un mal presentimiento . Yo no conocía absolutamente a nadie , y nadie sabía que iba a pasar unos días en Sevilla . El paquete seguía sobre el mostrador de recepción,  me quedé inmóvil mirándolo ,  como si algo terrible fuera a ocurrir si lo abría.

-Ring,  Ring,  Ring,  Ring. – Hotel EME,  en que puedo ayudarle?. Sí, está aquí,  la tengo delante – Señora – dijo tendiéndome el teléfono!

Oí al policía contándome una historia de cruces invertidas y mi nombre en las paredes del restaurante de la noche anterior,  escrito con sangre, la sangre de las víctimas,  asesinadas en una especie ritual satánico . Una locura que parecía alcanzarme.

– No toque el paquete Señora, y no salga de la ciudad,  pasaremos enseguida a tomarle declaración.

Debí desmayarme,  y esa debió ser mi primera experiencia en desmayos, que yo recuerde. Unas esposas me  unían  a la cama de lo que parecía un hospital cuando volví a abrir los ojos,  impoluto y aséptico,  frío.

-Hola?, hola?,  hay alguien,  hola?

Nadie contestó,  grite hasta quedarme sin voz mientras tiraba de las esposas,  destrozando las muñecas.

– No luches,  tu vida es mía,  es demasiado tarde para tí – dijo el recepcionista del Hotel,  allí, de pie junto a la cama,  con tono de película de terror de serie B.

Me sirvió el desayuno,  como la mañana anterior en el Hotel ,  el café y me tendió el periódico. Mientras sujetaba la  humeante taza,  la sangre brotaba en caída libre,  tiñendo la cama se un rojo trágico.

Muerte en Petit Comité 

Recientes avances en la investigación  del asesinato múltiple en Sevilla,  hacen sospechar a la policía que uno de los cadáveres,  es del asesino. 

Lo más curioso del caso,  es que la sospechosa murió hace 30 años en un viaje de estudios a Italia. 

Isabel Jiménez

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