…nido 

La peor parte de que una relación de amor termine, cuando los implicados se siguen amando, es la ruptura de las costumbres. 

Los besos dulces, lentos, atropellados, urgentes, con hambre, con deseo,  los invasivos, los que muerden y te meten mano, los que llevan abrazos que te dejan sin respiración y también los que te tiran del pelo para mirarte a los ojos, queriendo capturar el momento para siempre en la retina del alma.
Lo malo del desamor es que aún lo quieres y aún te quiere.  Y no hay remedio que valga,  no hay manera de olvidar, porque el amor de verdad se cala hasta el alma y hace nido. 

Esto que parece una tontería,  es el peor de los diagnósticos. Mientras el amor no anide,  aún hay esperanza para el olvido. Aún estás a tiempo de andar otros brazos,  otras camas, otros besos, otras vidas. Aún puedes aspirar a poder vivir una vida diferente,  en otros cuerpos,  incluso visitar otras galaxias, viajar a otros mares, ni mejores ni peores, diferentes,  y que no lleven su nombre.
 Pero si el amor ha llegado a anidar, olvídate! 

 Tus besos tendrán su nombre. Cada vez que cierres los ojos lo sentirás penetrando tu ser hasta donde nadie nunca supo ni sabrá que había camino. 

 No conseguirás sentir nada, con nadie,  si no te evades hasta su recuerdo en tu cuerpo y logras sentir que es él quien asedia tus murallas,  escala tus pechos y se salta toda la vigilancia del puente levadizo. Sólo entonces conseguirás vibrar nuevamente,  pero no será lo mismo,  porque sabes que no es él,  sino su recuerdo. No está contigo ,  lo tienes dentro,  acurrucado en tu pecho,  pero no es su voz susurrando a tu oído la que te dice cuanto te desea, y te muerdes la boca para que no se escape su nombre entre gemidos. 

Estás condenado a no sentir jamás lo que sentías en su cuerpo,  en su boca. Ni en otras camas,  ni en otros cuerpos ni en otras bocas.

Y no habrá boca que sepa saciar tu sed. No encontrarás camino que termine en sus brazos,  salvo el que decidiste olvidar. Y aún así, no olvidas, y te flagelas intentando encontrarlo en sueños. Y lo maldices por no querer firmar tus condiciones,  abandonar los condicionantes y dejarse de tonterías de una maldita vez. Sólo en Paz conseguirás la calma y aún así no olvidas. 

Los amores que matan,  anidan en la piedra,  te tallan el corazón a cincel y martillo y se dejan morir, porque planean no salir de allí,  por mucho empeño que pongas en arrancarlo a días,  de a poco, no lo vas a conseguir, jamás. 

Hay amores que no mueren. 

Isabel Jiménez 

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3 comentarios sobre “…nido 

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