…con destino tus brazos 

Apenas amanecia aquel Viernes , cuando un mensajero llamo a la puerta. 

-Buenos días Señora, traigo una carta certificada.  Tiene usted que firmar. 

Su vida era poco interesante desde que había roto con el último novio de turno. Lo cierto es que prefería la tranquilidad de su nueva casa, a andar rodeada de gritos y malos modos. El susodicho espécimen, aparentemente normal, conseguía sacarla siempre de sus casillas, además de tener una amiga diferente para cada día de la semana. 

Al abrir el sobre , apareció un billete de avión, de ida y vuelta para pasar el fin de semana en Lisboa , junto con el justificante de la reserva  en un Hotel Boutique , y una breve nota , del Director  de una emisora de radio que jamás escuchaba, dándole la enhorabuena por ser la ganadora del premio. 

Tras una pequeña investigación telefoníca tanto al hotel como a la compañía aérea y cersionarse de que, o estaba en una hora en el aeropuerto o perdería el vuelo, Marla se dio una ducha rápida, ordenó la casa, y se dirigió al aeropuerto con una bolsa de fin de semana. 

Lisboa resultó ser tan mágica como imaginó siempre ,  y entre perderse caminando sus calles y los tratamientos de belleza, incluidos en el paquete del Hotel, aquel fin de semana terminó enseguida. 

Relajada y sonriente esperaba embarcar de regreso a casa, cuando se sintió observada .

Miró por encima del hombro y lo descubrió tres filas más atrás escondido tras unas gafas oscuras, con su perfecto sastre a medida y ese halo de misterio, de caballero inglés. 

Decidida a que nada perturbara su reciente alcanzada paz mental y física, siguió hasta su asiento pagado en primera clase, puso música y cerró los ojos. 

– Señora : le apetece una copa de champán? , dijo amablemente la azafata. 

Él estaba allí, a su lado, con la vista fija en los botones de su camisa ,desabrochados inoportunamente. 

Su mirada tenia el poder de excitarla sin que llegara a ponerle una mano encima. Sus manos , enormes, rozaron sus pechos al salir dirección al baño. Y Marla no pudo evitar seguirlo como hipnotizada. 

La puerta del baño estaba entreabierta y él le tendió los brazos, acogiéndola desnudo entre ellos, desabrochándole completamente la camisa haciéndola girar contra la pared, penetrándola con las ganas que llevan los primeros encuentros y la excitación de ser descubiertos en cualquier momento, follando en el aseo de aquel avión .

Tapó su boca con la mano cuando Marla comenzó a gritar, y ella se contuvo mordiéndola. 

– No sabes cómo me pone que seas tan puta amor, dijo Andrés mientras ajustaba su anillo de recién casado. 

– Sacas de mí lo peor. ..
Isabel J. 

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